Quien no vive el dolor no vive el amor
Si bien sabemos que la muerte es un tema tabú para muchos de nosotros, nadie puede evitar que forme parte de nuestras vidas. No conocemos el verdadero significado de esta palabra hasta que no se vive la experiencia de perder a un ser querido. La forma de afrontar la pérdida y de realizar el proceso del duelo influye en los fundamentos básicos de nuestra educación.
Transcribo literalmente un trocito de mi diario de Prácticas, en el que cuento cómo surgió el tema de la muerte, de una manera inesperada y natural. Y el proceso de aprendizaje y reflexión al que me llevó este hecho.
"4 de febrero del 2010, Escuela Aire Libre.
Es la hora de comer y la clase de los Delfins hacen un tren para ir a comer. Las conversaciones transcurren con normalidad hasta que Jana, una niña de 4 años, quiere compartir una noticia.
Jana: La abuelita de un amigo de la urba se ha muerto.
Héctor: Se ha ido a vivir al cielo?
- Eso no lo sabemos Héctor. Contestó Cari (maestra de la clase y mi tutora de prácticas)
Héctor: yo cuando tenía un abuelito y se murió se fue a vivir al cielo y se convirtió en estrellita.
Se hizo el silencio, la conversación acabó con la frase de Héctor, el tren siguió como si de la procesión del silencio de semana santa se tratase, sólo faltaban los tambores sonando… Porrom pom popom! Porrom pom popom!! Era un silencio diferente, un silencio necesario para reflexionar sobre lo que se había hablado, un silencio suficiente para organizar el pensamiento y las palabras.
El comentario de Héctor, me ayudó a observar de qué manera los padres afrontan un tema delicado como es la muerte y qué explicaciones les dan a sus hijos.
Sabéis, me surgieron muchas dudas, ¿Esta es la respuesta más adecuada que deben dar los padres a sus hijos? Como futura maestra, ¿cómo puedo tratar el tema? ¿Qué les decimos? Hay que darles una respuesta? ¿Tenemos que maquillar la realidad? ¿Es conveniente disfrazar la respuesta para no hacerles daño? Y si me afecta a mi piso de abajo, como diría Mari Carmen, ¿Cómo reaccionar? O es mejor pensar, ¿Cuánto menos se hable del tema mejor?.Todas estas preguntas las compartí con Cari en nuestro ratito de comer, coincidíamos en lo mismo, nos falta conocimiento pedagógico para afrontar un tema como éste.
Hablando del tema, el colegio nos ofrece, a las chicas de prácticas, la oportunidad de asistir a unas jornadas pedagógicas en Elche. En la sala de profesores está colgado el contenido de dichas jornadas, lo leo y justamente hay un día que se tratará el tema de la muerte, el título de la conferencia es: “Cómo tratar la muerte con los/las niños/as de edades tempranas” dirigido por Marta Cortina. Orientadora de IES y presidenta de la Asociación Española de Tanatología, la conferencia se hará el martes 16 de febrero.
No tengo ninguna duda, voy a ir y aprovechar esta oportunidad. Ha de ser muy interesante y espero resolver algunas de las dudas planteadas.
Al poco pasé por el despacho de Mari Carmen, aproveché para comentarle, bueno mejor dicho, preguntarle cómo trataba ella el tema de la muerte, me contestó que de la forma más natural, dejarnos de historias de cielos, etc, que no hacen más que confundir a los niños, y si alguna pregunta no la sabíamos decir abiertamente que no se sabe y ya está, dejarnos de rodeos y de vueltas que sólo producen mareos.
Mari Carmen al ver que es un tema que me inquieta, me recomienda el libro “Día a día… El oficio de crecer” de Vicente Arnaiz, ya que en algún capítulo habla de cómo tratar la muerte en infantil. Nunca he leído ninguno de sus libros y qué casualidad que será uno de los conferenciantes de las jornadas de Elche.”
La muerte es un tema tabú en nuestra cultura, no nos interesa que se acabe la vida. Cuando uno es consciente de su mortalidad, la vida cobra otro sentido, valoramos más las cosas, no tenemos miedo a decir te quiero, etc. Somos más conscientes y actualizamos nuestros sentimientos. No es ético hablar del tema si antes no nos lo hemos preguntado a nivel personal y social.
Los niños cuando preguntan es porque esperan respuestas, pero no siempre sabremos qué decirles, sólo ponen a prueba nuestra honestidad y la complicidad con el adulto. No sabemos que hay después de la muerte ya que nadie ha muerto y ha vuelto para explicarlo. Las repuestas podrían ir en la dirección de lo que se crea, “no lo sé, pero yo creo que.. A mi me gusta pensar que.. Me ayuda pensar que…”. Algunas respuestas como:
Está en el cielo/ con los angelitos
Está en una nube/ en una estrella
Se ha quedado dormidito
Son respetables, pero se consideran que no son tan acertadas, porque crea en los niños otras expectativas. Por ejemplo: Se ha quedado dormidito, puede provocar en el niño terror al dormir por asociación; Está en el cielo, está bien si procede de una creencia, pero si no es así, en alguna ocasión, asocian ir en avión con ver a su ser querido. Un ejemplo, Toni (5 años) y su familia viajaban en avión, se mostraba muy contento y eufórico, su madre le preguntó la razón de tanta alegría, él le contestó que estaba muy contento porque iba a ir al cielo y allí vería a su abuelo; Está en una estrella, despierta en niños maneras de hacer para poder llegar a la estrella y así ver a su ser querido. Otro ejemplo, César (6 años), explicó a su padre que tenían que fabricar un cohete para poder llegar a la estrella y ver a su madre.
Es importante para los profesionales respetar la decisión de los padres/familia, aunque no nos guste. Dar la opinión siempre que nos la pidan, sino, nos la guardamos.
Cualquier cosa que no sea sinceridad y honestidad, provoca en ellos reacciones que no se pueden preveer. Nuestras palabras tienen mucho poder sobre ellos, por eso hay que ser muy cuidadosos con lo que decimos. No hay nada mejor ni nada peor ni más recomendable, pero siempre hay que tener en cuenta la edad del niño.
Algunas de las respuestas iniciales se puede remediar, se le puede decir: “te acuerdas cuando te dije lo del cielo, pues es que lo he pensado mejor…” así el tema tabú sale del cajón.
Saber qué reflexiones y qué miedos tenemos sobre el tema de la muerte y respetarlos.
Muchas veces surgen dudas sobre el hecho de ir al cementerio, tengan la edad que tengan hay que preguntarles a ellos. “¿Quieres venir?” Normalmente dicen que si porque no saben lo que es, por eso, es importante describirles la situación que se van a encontrar, tenemos que estar atentos y ver su reacción. Si aún así deciden ir, sería conveniente observarles y seguir preguntándoles si quieren estar o volver a casa. En ocasiones, sobretodo en niños hipersensibles, llegado el momento notan mucha pena y dolor y quieren recular. Tenemos que aceptar y respetar su decisión y no llevarles.
Ocurre lo mismo con las visitas a familiares en el hospital. Vuelve a ser importante describirles lo que se van a encontrar. Poder decir adiós, poder despedirse y cerrar un vínculo, les permite rehacer la vida de otra manera. Ocultarles información o prohibirles ir a estos sitios les puede provocar secuelas, los niños necesitan ver la realidad para poder entenderla.
Pensamos que les protegemos cuando no hablamos, pero a veces,, les creamos una inestabilidad emocional.
Los niños viven la muerte de forma diferente a los adultos, necesitan saber que se les quiere, por eso la muerte en padres/madres, es importante cubrir el referente que lo ha dejado, dándoles atención especial, pero tienen que saber que nunca se sustituirá la pérdida. Cuando viven esta situación van a la escuela como si nada hubiese cambiado, en casa es otra cosa, por eso hay que estar atentos a su lenguaje simbólico. Una terapia de duelo se hace mejor con juego simbólico.
La metodología de infantil es la mejor manera de educar, se puede realizar mediante cuentos, películas, etc.
Como profesionales de la educación, y como cualquier otro/a profesional, intentamos no mostrar nuestra parte afectiva y emocional mientras trabajamos, construimos un muro para ocultar nuestro piso de bajo. La propia experiencia nos enseña que expresar los miedos, inquietudes, etc, no es ningún signo de debilidad, sino al contrario, un signo de fortaleza. Ser capaz de analizar aquello en lo que uno/a flaquea nos hace crecer y mejorar como profesionales.
Ponerse en frente del dolor de alguien, es ponerse en frente del dolor de uno mismo.
Personalmente, conocí el verdadero significado de la muerte a los 17 años, un duro golpe para mi y para mi familia. No hicimos bien el proceso del duelo. ¿Por qué? Porqué después de 12 años, la herida no se ha cerrado y cuando se toca duele mucho. Soy consciente de ello y poco a poco empiezo a curarla. Os cuento esto porque mi piso de abajo siempre irá conmigo y me afectará a la hora de tratar este tema y muchos otros.
No hay palabras de consuelo sino acciones. El dolor no hay que vivirlo solo, hay que atravesarlo lo más sano posible y esa manera es acompañados.
No estoy sola y escribir sobre la muerte me ayuda. No pretendo airear mis puntos débiles, únicamente identificar mis inquietudes y mis miedos personales, para saber como afrontarlos y así ser mejor profesional.
Tener la oportunidad de transmitir esta experiencia me ayuda a dar un paso más en mi crecimiento, tanto personal como profesional. Espero así, aportar mi puñadito de letras para que alguien más los de. Aprendemos a base de nuestras experiencias y de las experiencias de los demás, de esta manera recordamos y no olvidamos que no estamos solos en el mundo de la educación.
Quien no vive el dolor no vive el amor.
Irene Recio García








